miércoles, 5 de diciembre de 2012

Las especies más evolucionadas







En 1859, Charles Darwin publicó El origen de las especies. En este libro proponía un mecanismo sencillo para explicar cómo se ha originado toda la diversidad de la vida. A pesar del tiempo transcurrido, el núcleo de la teoría evolutiva actual arranca de esa obra de Darwin. A grandes rasgos, podemos decir que:
  • Los seres vivos se reproducen, pero no todos sus descendientes sobrevivirán. De hecho, la mayor parte muere.
  • Hay diversidad en la descendencia de los organismos. Cuando hay reproducción sexual, los hijos resultan diferentes a los padres.
  • Los seres vivos que presenten una mejor adaptación a su entorno tendrán mayores posibilidades de sobrevivir a la implacable guadaña de la Segadora. Asimismo, es probable que transmitan a su descendencia los caracteres que permiten una mejor adaptación al entorno.
  • Y así, generación tras generación, la naturaleza va seleccionando a los mejor adaptados. A la larga, se acaban creando nuevas especies. Ojo: obsérvese cómo hablamos de los mejor adaptados, no de los más fuertes, más altos, más feroces o más inteligentes. Una alta tasa reproductora, la capacidad de esconderse o el oportunismo pueden ser herramientas adaptativas tanto o más válidas que aquéllas.
Como consecuencia de lo anterior, se llega a la conclusión de que toda especie viva se ha originado a partir de otra anterior. De hecho, y dado que todos los seres vivos compartimos el mismo código genético, deducimos que todos los habitantes de nuestro planeta, desde la más humilde bacteria hasta la ballena azul más rolliza, descendemos de un antepasado común, que probablemente habitó la Tierra hace unos 4000 millones de años.
Pero el saber que todos los seres vivos procedemos de una raíz común nos plantea aún más preguntas. ¿Cuáles son nuestros parientes más cercanos? ¿Cómo se han originado los distintos taxones? ¿Quién es el antepasado de quién? Aparte de la curiosidad que nos impulsa a dibujar los árboles genealógicos (no es raro que a los humanos nos apetezca saber quiénes son nuestros antepasados, o el lugar que ocupa determinada gente en la historia de un linaje), la clasificación de los seres vivos también depende de ello.
Efectivamente, Ya hemos visto en taxonomía que las especies se agrupan en géneros, los géneros en familias, etc., según criterios de parentesco. Dos especies se consideran próximas (y, por tanto, se incluyen en el mismo género), si poseen un antepasado común cercano en el tiempo, diferente al de otras especies. Lo malo es que averiguar cómo es él árbol de la vida no resulta sencillo.
Antes de proseguir, necesitamos conocer unos cuantos términos:
La filogenia es la historia de la evolución de un grupo de organismos o, de acuerdo con Colin Tudge, la «genealogía con mayúscula», ya que se ocupa de la relación existente entre especies, familias, órdenes... Para ello, los biólogos se han basado en la morfología, la citología, el registro fósil, etc. Hoy, las técnicas de Biología Molecular son imprescindibles para dilucidar las relaciones entre organismos.
La filogenia se puede representar gráficamente mediante árboles filogenéticos. Como su nombre indica, se trata de dibujos con aspecto de árbol. En la base del tronco estaría el antepasado común de todos los organismos, y de él partirían unas ramas, de las cuales saldrían ramas más finas, y de éstas ramitas, etc., hasta llegar a las especies actuales, dispuestas en los extremos de las últimas ramificaciones.
Los árboles filogenéticos más antiguos recordaban a un abeto o, mejor dicho, a un poste del cual salían ramitas más finas (Figura 1). En la parte alta del árbol se situaba un individuo de nuestra especie, preferiblemente de sexo masculino, raza blanca, anglosajón y protestante (es decir, el típico WASP). Probablemente, esto se debía a que los científicos que elaboraban los árboles eran WASPs. Además, se creía que la evolución tendía hacia la perfección: había una escala de progresión que iba desde los microbios hasta nuestra especie (dentro de la cual, por supuesto, había razas más evolucionadas que otras).

Los Registros Fósiles ¿Qué evidencian?


Lo que evidencian los registros fósiles
Como resultado del examen de los registros fósiles, no se encuentran pruebas razonables que apoyen la teoría de la evolución y mucho menos para afirmar que es un hecho probado.
Ramapithecus
El Ramapithecus consiste meramente en un puñado de dientes y fragmentos de quijada. El Ramapithecus era considerado un homínido (ancestro evolutivo del hombre) solamente sobre la base de sus características dentales. El primero en afirmar que el Ramapithecus era un homínido dijo que ahora no está tan seguro de que el Ramapithecus fuese un ancestro de los humanos. Dijo que había hallado nuevos fósiles de la especie que invalidan conclusiones previas.
Australopithecus
El primer hallazgo de esta criatura lo hizo Dart en 1924. Su nombre completo es Australopithecus Africanus. El hallazgo consistió en un cráneo, mandíbula y dientes, con fragmentos de la pelvis, miembros y pie. Los Australopithecinos se clasifican en dos especies principales: Australopithecus Africanus y Australopithecus Robustus. Se considera que el Australopithecus no es un ancestro del humano.
Zinjanthropus
En 1950 Louis y Mary Leakey hallaron 400 fragmentos de un cráneo en el cañon Olduvai, en el África. En 1960 los mismos investigadores hallaron el cráneo de un niño con características más humanas, en un estrato rocoso 30 cm inferior. Entonces Leakey dijo que el Zinjanthropus no era un homínido, sino completamente simio.
Hombre de Nebraska
En 1922 un geólogo llamado Cook halló un diente en la Quebrada de la Serpiente, en Nebraska (EE.UU.). El profesor Osborn, con el Museo de Nueva York, y Sir Smith, de Londres, dijeron que el diente pertenecía a un homínido. Posteriormente se determinó que era el diente de una especie extinguida de cerdo.
Hombre de Piltdown
En 1912 Charles Dawson y otros hallaron una bóveda craneana, una quijada y dientes en una ripiera de Sussex (Inglaterra). A partir de estos restos, reconstruyeron un hombre simiesco que llamaron hombre de Piltdown. En 1953 científicos británicos descubrieron que la quijada pertenecía a un mono y había sido coloreada para simular antigüedad. Los dientes habían sido limados para que pareciesen humanos. La "bóveda craneana" era en realidad un hueso de la rodilla de un elefante. La falsificación engañó a los expertos por muchos años.
El hombre de Java
En 1892 Dubois halló en Java una bóveda craneana, dientes y un fémur, a una distancia aproximada de 18 metros uno de otros. Afirmó que pertenecían a un mismo ancestro homínido y que su edad era de cerca de 500 000 años. Dubois omitió mencionar que en virtualmente el mismo nivel de excavación él había hallado dos cráneos humanos. En 1908 la expedición alemana Selenka halló que los flujos de lava en Java tornaban imposible una edad superior a los 500 años. En 1936 Dubois finalmente admitió que el "hombre de Java" no era sino un simio.
El hombre de Pekín
Entre 1922 y 1939 se descubrieron huesos pertenecientes a 38 individuos en Choukoutien, al suroeste de Pekín. Expertos de diferentes países dijeron que pertenecían a homínidos. La mezcla de huesos de simios y monos se usó para crear un homínido. Los especímenes originales se perdieron durante la Segunda Guerra Mundial, se dice que el "hombre de Pekín" es completamente humano.
El hombre de Neanderthal
Los primeros huesos del hombre de Neanderthal fueron hallados en (Alemania) en 1856. Indican una postura semierecta. Se dijo que estaba un escalón por encima de los simios. Posteriormente se halló que sufría de artritis. Desde entonces se han hallado esqueletos que indican una posición erecta en cuevas de Palestina. Su cerebro tenía mayor tamaño que el del hombre moderno.
El hombre de Cro-magnon
Se han hallado huesos del hombre de Cro-Magnon en cuevas de Francia. El tamaño cerebral del hombre de Cro-Magnon es mayor que el del hombre moderno